Dulces margaritas, amargas realidades

Las margaritas

Dir. Věra Chytilová / Checoslovaquia / 1966 / 74 min. / Clasf. 15 años

Cuando todo está perdido o cuando se asume que todo está perdido, hay cuatro caminos que se pueden tomar. Las protagonistas de Las margaritas, la película que el Club de Cine de la Cato presentará el próximo lunes, toman el de corromper aún más el estado de las cosas. Pero lo hacen de la mano de la libertad. Lo que se proponen es ser libres, pese al estado envilecido en que se ha sumido el mundo.

El eje de la libertad les conducirá por vías sinuosas que, dada la manera en que está compuesta la obra, nos obligarán a cuestionar no solo qué es y de qué está compuesta la realidad, sino cómo definimos algo tan estructural para el ser humano: la felicidad. La pregunta central que Las margaritas nos obligan a confrontar es: “¿Si somos libres, por qué es tan difícil serlo?”.

El contexto es el agotamiento de un sistema sociopolítico comunista que en vez de facilitar que Checoslovaquia se convirtiera en el “puente” entre Este y Oeste, lo que hizo fue mantenerse en el poder mientras subvertía las libertades. Para 1966, cuando la película fue estrenada, el clamor por un país más libre había cobrado sentido. El mejor ejemplo de este sentimiento fue la Conferencia de Liblice de 1963 que reavivó la figura de Kafka y puso a toda Europa a hablar sobre la necesidad de abrir las puertas de las libertades.

Por tanto, la cinta, de entrada, es subversiva. Cuestiona los preceptos sociales y morales, pero también artísticos, de lo que es la realidad de aquello que convierte a las personas en ciudadanos. Por eso el filme ha sido catalogado como “experimental” o “surrealista”, porque a lo largo de la obra nos vemos confrontados a escenas donde dos jovencitas tienen que dejar de ser lo que son, para dar paso al sinsentido: un mundo que nos ha convertido en objetos, un país que nos usa para someternos.

El Club de Cine de la Cato tiene el honor de presentar una de las obras maestras de lo que se conoce como la “nueva ola checoslovaca” y parte de lo que luego vendría a llamarse la “Primavera de Praga” (1968), uno de los acontecimientos sociales y políticos más importantes del siglo 20. Las margaritas fue censurada y Věra Chytilová, su directora, fue prohibida de trabajar hasta 1975. Es más, la Primavera, como intento liberador, duró lo que duró el año de 1968. Sin embargo, es una película que hay que ver porque tiene relación no solo para el tema en cuestión –la juventud–, sino porque, como hemos dicho, lo que siempre está en juego es la libertad.

¿Cómo más cantarle las verdades al poder sino a través del arte de cuestionarlo todo? Seguramente, esta fue la pregunta que guio el trabajo de los realizadores. Nosotros queremos empezar el foro precisamente con esta pregunta.

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